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Mortagne sur Sèvre

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Caminar con muletas: consejos para avanzar con seguridad

Caminar con muletas exige un esfuerzo inusual de la parte superior del cuerpo y altera el equilibrio. Los primeros pasos suelen ser vacilantes, y los errores…

Femme d'âge mûr marchant avec des béquilles avant-bras dans un couloir de centre de rééducation, posture droite et technique correcte
6 minutos

Caminar con muletas moviliza la parte superior del cuerpo de una forma poco habitual y modifica el equilibrio. Los primeros pasos suelen ser vacilantes, y los errores de postura o de ajuste pueden provocar dolor en las muñecas y los hombros, e incluso caídas.

Compresión nerviosa y dolor en los brazos: el riesgo infravalorado de las muletas mal ajustadas

La mayoría de las guías en línea se centran en la técnica para caminar. Sin embargo, el problema empieza antes del primer paso, al ajustar las muletas. El apoyo prolongado de las muletas axilares bajo las axilas puede comprimir los nervios y provocar debilidad o entumecimiento en las manos y los brazos.

No se trata de una simple molestia pasajera. La presión prolongada sobre los nervios puede causar alteraciones motoras temporales, que a veces se confunden con una mala circulación sanguínea. El peso del cuerpo debe recaer sobre las empuñaduras, nunca sobre las almohadillas de las axilas.

Para comprobar el ajuste, póngase de pie con los brazos a los lados. Coloque las puntas de las muletas a unos quince centímetros de los pies. Deben caber dos o tres dedos entre la almohadilla y la axila. La empuñadura debe quedar a la altura de la muñeca, con los codos ligeramente flexionados. Si nota hormigueo o molestias persistentes en las manos tras unos días de uso, pida a un profesional sanitario que revise el ajuste.

Para aprender a caminar con muletas en condiciones adecuadas, comprobar el ajuste es el paso previo a cualquier desplazamiento.

Hombre mayor que utiliza muletas axilares para bajar unos escalones de piedra en el exterior de un edificio público; demostración de una técnica segura para subir y bajar escaleras

Técnica para caminar con muletas: el patrón de apoyo que protege la pierna lesionada

Caminar con muletas no reproduce la marcha natural. Consiste en transferir el peso de la extremidad inferior lesionada a los brazos y el tronco. Hay dos patrones principales, según las indicaciones médicas.

Caminar sin apoyar la pierna afectada

Cuando no se permite apoyar nada de peso sobre la pierna lesionada, se adelantan las dos muletas a la vez y, después, el cuerpo se desplaza hacia delante apoyándose en las empuñaduras. La pierna lesionada no toca el suelo. Si es posible, flexione la rodilla para evitar que el pie roce el suelo.

Este patrón cansa rápidamente los brazos y los hombros. Es necesario hacer pausas con regularidad, sobre todo durante los primeros días. La distancia recorrida se aumenta poco a poco, a medida que la musculatura de la parte superior del cuerpo se adapta.

Caminar con apoyo parcial autorizado

Cuando el médico autoriza un apoyo parcial, la técnica cambia. Las muletas avanzan al mismo tiempo que la pierna lesionada y el peso se reparte entre las empuñaduras y el pie apoyado en el suelo. Después, avanza el pie sano. El grado de apoyo depende de la prescripción: no debe calcularse a ojo ni ajustarse basándose únicamente en las sensaciones.

En ambos casos, mantenga la espalda recta y la mirada al frente, no en los pies. Inclinar el tronco hacia delante desplaza el centro de gravedad y aumenta el riesgo de perder el equilibrio.

Subir y bajar escaleras con muletas: primero, la pierna sana

La regla que hay que recordar se resume en una frase: la pierna sana sube primero y la pierna lesionada baja primero.

  • Para subir: apoye el pie sano en el escalón superior y elévese apoyándose en las empuñaduras. Después, coloque las muletas y la pierna lesionada en el mismo escalón.
  • Para bajar: coloque las muletas en el escalón inferior, adelante la pierna lesionada y, después, baje el pie sano. Durante el descenso, el peso recae en los brazos.
  • Si hay pasamanos, sujételo con una mano y coloque las dos muletas bajo el otro brazo. El pasamanos ofrece un punto de apoyo más estable que las muletas en escalones estrechos.

Si la escalera no tiene pasamanos, pida ayuda o bájela sentado si no tiene suficiente estabilidad. Ninguna técnica con muletas compensa la falta de pasamanos en una escalera empinada.

Joven con una bota ortopédica que recibe consejos de una fisioterapeuta sobre cómo sujetar correctamente una muleta de antebrazo en una sala de rehabilitación

Seguridad en casa: el entorno importa tanto como la técnica

Una buena técnica para caminar no basta si hay obstáculos en la vivienda. Las recomendaciones del NICE aconsejan evaluar los peligros del hogar en personas que se han caído y presentan problemas de marcha o equilibrio.

En concreto, conviene revisar varios elementos de la vivienda antes de desplazarse con muletas:

  • Las alfombras y las alfombrillas pueden resbalar fácilmente bajo las conteras de las muletas. Retirarlas o fijarlas con cinta adhesiva de doble cara reduce el riesgo.
  • La iluminación insuficiente en pasillos y escaleras dificulta detectar los obstáculos. Una luz nocturna en el pasillo que lleva al baño evita desplazarse a oscuras.
  • Los suelos mojados (baño, cocina) se vuelven muy resbaladizos si las conteras de las muletas están desgastadas. Compruebe con regularidad el estado de las conteras de goma y cámbielas en cuanto estén lisas.
  • Los cables eléctricos en el suelo, los umbrales elevados y los objetos que se dejan en las zonas de paso son obstáculos frecuentes.

Estos cambios no requieren obras ni un presupuesto especial. Sin embargo, reducen considerablemente el riesgo de caídas en casa.

Muletas axilares o de antebrazo: la elección depende de la duración y las capacidades

Las muletas axilares, que se apoyan bajo las axilas, suelen prescribirse para un uso temporal tras una lesión aguda. Ofrecen una amplia superficie de apoyo, pero requieren menos fuerza en las manos.

Las muletas de antebrazo son más adecuadas para un uso prolongado. Requieren más fuerza en las manos y las muñecas, pero liberan la zona axilar y permiten movimientos más fluidos.

La elección entre ambas depende de la fuerza muscular, la coordinación, el equilibrio y la duración prevista del uso. Una persona mayor con poca fuerza de agarre no obtendrá el mismo beneficio de unas muletas de antebrazo que un paciente joven en rehabilitación posoperatoria. Esta elección corresponde a un profesional sanitario, no a una compra en la farmacia sin consultar antes.

Las conteras, la calidad de las empuñaduras y el peso de la muleta también influyen en la comodidad diaria. Un dispositivo adaptado a la persona reduce el cansancio y las compensaciones posturales que provocan dolores secundarios en la espalda o los hombros.

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